21 jun. 2014

El Café de Fornos tiene nueva biografía

Después de una profusa investigación, algunos de los datos conocidos de la "biografía" del Café de Fornos y sus propietarios cambian. 

En el estudio de investigación realizado sobre los cafés madrileños que Galdós cita en sus obras, Historia Urbana de Madrid se ha topado con ambigüedades a la hora de tratar el Café de Fornos. 

El desarrollo de la investigación, con todos los datos derivados de las consultas realizadas casi "en tiempo real"; citas de las biografías que contienen datos erroneos, y las conclusiones del estudio, puedes encontrarlas en este enlace:




14 jun. 2014

Cafés madrileños en la obra de Galdós. Parte I


En el apartado Madrid y Galdós, de Historia Urbana de Madrid, se hace referencia a los cafés madrileños que Benito Pérez Galdós cita en muchas de sus obras. 
Se ha publicado el primer capítulo, en el que se tratan las siguientes obras y cafés: 

 "La desheredada" 
- Café del Sur
- Café de la Iberia

"Misericordia" 
- Café de la Cruz del Rastro

 "Tormento" 
 - Café de Lepanto

Un laborioso trabajo de investigación que nos remonta a los cafés madrileños del siglo XIX inmortalizados por Galdós en sus novelas.
Puedes acceder al contenido desde este enlace: Los cafés madrileños en la obra de Galdós. Capítulo I 





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10 mar. 2011

Semana de la Mujer. Las Camareras de Café Cantante

Coincidiendo con la Semana de la Mujer Trabajadora, los Cafés Madrileños recuerda a las Camareras de Café Cantante.

Figura femenina de cuya reputación se plantean muchas dudas, nuestra redacción no es quien para juzgarlas porque así como había cervecerías y cafés de baja estofa, los había también de costumbres decorosas.

Hasta comienzos del siglo XX pocas eran las ocupaciones lícitas que tenía la mujer "pobre", que así se definía a las de clase baja.

Quitando los oficios domésticos, del barrido y el fregado, del planchado y de la costura, la mujer carecía de servicios en los que emplearse dignamente.

La famulería daba de comer, con jornales que no permitían el ahorro pero sí la acumulación de pellizcos de los señoritos de la casa.

Cuando una muchacha necesitaba ganarse el pan apelaba a escaso número de recursos: corsetera, pasante, sombrerera o modistilla... profesiones que para la clase trabajadora eran casi aristocráticas.


Camareras de Café Cantante


Aunque para muchos eran tachadas de inmorales, aquellas señoritas no lo eran, o al menos no la mayoría hasta los principios del siglo XX. Difícil profesión con la que ganarse la vida que merecía, en algunos casos, un plus de peligrosidad nunca recibido y un don especial en la ciencia del psicoanálisis.

Encanto de los Cafés Cantantes, las bellas féminas servían por la noche con gracia y cortesía a los solitarios señores y a los jóvenes excitados; y por el día a personas distinguidas, literatos, poetas, políticos y artistas. También a los gomosos que disfrutaban de la vida despilfarrando dinero y soñando en conquistas.


En el anuncio del Café de la Patria, de 1897, aparece una nota que indica que "...aunque sirven CAMARERAS, tanto el café como los demás géneros son de esmerada calidad". Ingeniosa manera de decir que en aquel café las camareras -resaltadas en mayúsculas- estaban de muy buen ver.


Una taza de moka, una copa de cognac o un 'bock' de cerveza, servidos por una mujer de bello rostro, manos blancas y finísimos dedos, sin duda tenían mejor sabor que las servidas por un grueso y sudoroso cantinero.


La fotografía superior, del fotógrafo Caballero, corresponde a uno de los Cafés que se salvaron del cierre en 1916 después de que el Director General de Seguridad, Sr. La Barrera, dictara orden de clausura de aquellos establecimientos donde se faltaba a la moral.

Y es que en algunos antros las camareras eran muy completas y echaban mucho empeño en la atención. Al menos así lo relata "El Duque de Gray":


Y como uno de los grandes defectos de la humanidad es "meter todo en el mismo saco", en el año 1901 una comisión de camareras visitó al Gobernador de Madrid para protestar por la disposición gubernamental que las expulsaba de los cafés con cante.

La disposición medía con la misma vara a rameras y camareras que, en muchos casos, compartían espacio en aquellos establecimientos cuya moral era cuestionada y donde se ganaban el pan prestando servicio. Y aquel era el problema de esos Cafés, el ser-vicio.




Aunque intentemos quitar hierro a la situación, los Cafés de poca moral representaban un problema social grave y una situación que hoy no nos asombra en cuanto a la trata de mujeres se refiere.



Y es que en verdad algunos locales tenían nombres sugerentes, como esta cervecería de la calle de Arlaban que era atendida por camareras:


Otros establecimientos, como la cervecería "Candela", contaban con bellas muchachas y una clientela selecta. Así lo dejó retratado un fotógrafo de la revista "The Kon Leche" en un reportaje realizado al torero Juan Belmonte.



Así como el "Candela", fueron perdiendo esplendor las camareras, dulces ninfas que enamoraban a jóvenes y ancianos, del café de "La Paz", el "Nueva España", el "Veneras", el "Café de Madrid", entre otros.

La fotografía inferior retrata el Café de Madrid en 1925, donde las camareras de turno posan junto a personalidades taurinas, periodistas y artistas de la época.


En los años treinta los cafés cantante diferían mucho de los de antaño. Los bares americanos habían ganado terreno y las camareras años y algunos kilitos.





Café invitado
Camareras de Café en Japón

La fotografía muestra a las camareras y clientela de un café en Japón. Hasta el año 1931 sólo existían las casas de té.


El sindicato de geishas de Tokio y Osaka emprenderá una lucha desesperada para defenderse de la competencia que representaban aquellas camareras de café. Pero la clientela preferirá el desenfreno del fox-trot al poema cantado y puro de las geishas.


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4 ene. 2011

En los Cafés madrileños nada se prohibe

La nueva Ley "Anti Fumadores" borra de un plumazo la aferrada tradición de fumar un cigarrillo mientras se disfruta de un café.

De la revista semanla ilustrada 'Sicalíptico' - Barcelona, 3 de marzo de 1904

Cientos de escritores fecundaron sus obras más exitosas nublados por el humo del tabaco y la excitación del negro brebaje en la atmósfera contaminada de bohemia de los viejos cafés madrileños.

Otras eran las libertades prohibidas en aquellos años.

En Los Cafés madrileños no hay carteles prohibitivos y se permite la entrada a los que fuman y a los que no. Cada uno tiene su espacio bien delimitado para no herir sensibilidades ni incrementar el gasto de tintorería por malos olores.

Todos podemos disfrutar del mundo de los Cafés de antaño donde los señores fumaban puros y las mujeres más atrevidas tabaco de Virginia con boquilla.

En la fotografía inferior, del año 1932, podemos ver el Salón de Fumar del Teatro Fígaro de Madrid. Antes, como podría haber seguido siendo ahora, los espacios públicos, y las propias casas particulares, tenían sus espacios para fumar.



Café invitado
Chistes de época

El 15 de julio de 1894 la revista ilustrada 'La Lidia' publicaba un chiste gráfico tan hipócrita como la actual Ley.



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23 dic. 2010

Los afortunados

Navidad en Madrid

Hoy ha sido un día de festejo en muchos hogares españoles. El tradicional sorteo de Navidad ha hecho caer el gordo en diferentes regiones, incluida Madrid.

¿Quieres escuchar música mientras lees?


Ganadores de la lotería en los Cafés madrileños

En 1905 la fortuna pasó por la Villa y Corte de la mano del fosforero del Nuevo Café de San Millán con dos décimos del tercer premio correspondiente al número 15.554.


Los décimos fueron repartidos en varias participaciones entre obreros de ambos sexos, quedando el buen fosforero sin participación alguna.

Lo ocurrido a este buen samaritano era algo habitual entre la gente honrada o de pocas luces. El caso de don Juan Núñez en 1913 fue idéntico; el retrato que le tomó el fotógrafo Alfonso muestra como le quedó la cara después de tan terrible torpeza.


Volviendo al Nuevo Café de San Millán, además de los obreros, también llevaban parte en el billete la actriz Consuelo Vadillo y el escritor don Joaquín Dicenta.

Y es que esto de los Cafés madrileños, más allá de haber fomentado revoluciones en sus tiempos y ser epicentro de la literatura española, fue y sigue siendo una pequeña familia de clientes, patrones, mozos y viajantes. Por eso no era de extrañar que algún premio cayese en alguno de ellos. 

Así ocurrió con el Nuevo Café de San Millán y en otros, como el llamado Bar Atocha, de don Francisco Maretón, premiado con dos vigésimos del gordo en 1927, que recayó en el número 10.123.


Feliz estaba don Moretón que posa en esta otra fotografía de Díaz Casariego con sus dos hermanos y el representante de la firma “Hijos de L. Moretón” (en el centro). Aquí había cuartos antes de caerles el premio, no cabe la menor duda.


Otra cosa es la siguiente fotografía del año 1928 donde son retratados en la Villa de Vallecas el tabernero, llamado Olivares, y todos los favorecidos con el premio de 150.000 pesetas a los que dio participaciones.


Y así han pasado los años, las historias se repiten y las ilusiones se reparten, mientras los Cafés madrileños continúan ahí, viendo pasar el tiempo con mejor o peor fortuna.


Café invitado
Vintage

Muy propia para estas navidades es la foto de la actriz polaca Anna Held (1872-1918), que cosechó grandes éxitos en Broadway en los principios del siglo XX.


La fotografía fue publicada en la revista ‘Vida Elegante’ del 30 de diciembre de 1903. 

Digan ustedes si no está para ‘tocar el pandero’.



Eduardo J. Valero García
Eduart Garcival

ENLACES
LOTERIA NACIONAL - NAVIDAD EN MADRID
El Gordo de Navidad

NAVIDAD EN MADRID
ÍNDICE DE CONTENIDOS


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20 dic. 2010

Los Cafés madrileños les desea Felices Fiestas




Muchas gracias por estar con nosotros

Os deseamos todo lo mejor para el año que está a punto de comenzar, con la esperanza de que se vean cumplidos todos vuestros proyectos e ilusiones


Eduart Garcival
(Eduardo Valero García)


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22 nov. 2010

Café de Lorencini o de la Victoria

La Puerta del Sol el 2 de mayo de 1808

En 1868 eran más de cien los Cafés madrileños, seis de ellos estaban en la Puerta del Sol. Otros no perdían su condición de botillería, como la de Canosa, de gran esplendor en tiempos de Carlos IV.

Hablaremos más adelante de Pombo y la Fontana de Oro, y de otros tantos que lo pasaron mal cuando los franceses y en los primeros tiempos de la restauración de Fernando VII al trono.

Restablecida la Constitución Gaditana en 1820 adquirieron extraordinaria importancia política los Cafés de la Cruz de Malta, Fontana de Oro y Lorencini. De este último hablamos a continuación.

Don Carlos Lorencini era un italiano maduro, modelo de hombre trabajador y honesto, casado con una española que le había dado varios hijos y dueño del Café de Lorencini, también llamado de la Victoria, que estaba emplazado en la Puerta del Sol.

Si el sistema Constitucional se hubiera arraigado en España, seguramente el Café de Lorencini hubiese conservado la buena fama que tenía gracias a su excelente local y el esmerado servicio a los parroquianos que venía dando desde la primera década del siglo XIX.

Pero no fue así, sino todo lo contrario. Triste y lastimosa se presentó la vejez para don Carlos después de que el 23 de mayo de 1923 invadieran las turbas su establecimiento y todo lo destrozaran.
La ayuda de los frailes mínimos de San Francisco de Paula hicieron que el Café continuase abierto; pero los concurrentes habituales se hallaban emigrados o perseguidos, y los que acudieron no fueron capaces de renovar sus tiempos de esplendor.

Esta desgraciada historia viene dada por su condición de Café político o revolucionario, fama que adquirieron en aquella época la mayoría de los Cafés por formarse en ellos las sociedades que más tarde se harían llamar tertulias.

En este Café de Lorencini nacerá, con la jura de la Constitución por Fernando VII, la Sociedad del Lorencini. A ella concurrían personajes de tanta nota como el ex ministro don José García de León y Pizarro, el conde de Bisbal y el marqués de Amarillas, quienes pronunciaban discursos apasionados delante de un auditorio numeroso.

El diario ‘La Colmena’ del 28 de marzo de 1820, que se editaba en la imprenta de Repullés, suscrita en la Librería de Brún, ilustra de forma clara el ambiente del Café de Lorencini. Un artículo del que se desconoce su autor, pero, si acaso como ocurría con Mesonero Romanos y otros tantos escritores de la época, nos remontan a aquellos años en que Madrid era un hervidero.
Ver artículo ‘Café de Lorencini’ de ‘La Colmena

La Puerta del Sol hacia 1846 en un dibujo de José María Abrial

La vida cotidiana de Madrid y el Lorencini.
De las investigaciones realizadas por el autor de este blog y los de Historia Urbana de Madrid, Los Jueves de Gedeón, Cien Años de Gran Vía y Recuerdos del Bar Chicote, a través de los periódicos de épocas pasadas que atesora la Biblioteca Nacional de España (Hemeroteca Digital), son destacables los comentarios y recuerdos de la sociedad madrileña de antaño.

A continuación publicamos algunos fragmentos que corresponden a los avisos que tenían por costumbre publicar en el ‘Diario de Madrid’, sea como engañoso reclamo para publicitar un establecimiento o por la buena voluntad e inocencia del pueblo madrileño, donde queda reflejada la vida cotidiana de la ciudad, en este caso con referencias al Café de Lorencini.

El 22 de abril de 1815 un antepasado madrileño perdió un reloj de plata, ¿dónde?, en el Café de Lorencini.


El 13 de septiembre del mismo año el anuncio de una venta de carruajes no facilita un dato, junto al Café de Lorencini había una panadería y en la calle de las Beatas vivía un maestro de coches.


Sabemos que en el Café había un mozo llamado “Perico el portugués” gracias a este anuncio del 21 de octubre de 1917.


El 24 de diciembre de 1830 se despachaba leche de almendras en el Café de Lorencini.

El siguiente aviso hace referencia a los premios de la Real Lotería para el 17 de febrero de 1820, compuesto por una serie de objetos de los que se puede tener conocimiento en este enlace al ‘Diario de Madrid’ del 18 de julio de 1819.


El ‘Semanario pintoresco español’ del 26 de abril de 1846 publica el artículo “Costumbres”, donde se cita al Café de Lorencini y la cotidiana rutina de los madrileños en la Puerta del Sol.

Luz en la Puerta del Sol
El Café de Lorencini estuvo presente en muchos de los acontecimientos relevantes de la ciudad. En 1832 se realizarán las obras de instalación de cañerías para el alumbrado de gas en la Puerta del Sol, calles de Alcalá, Mayor, Arenal, Carretas, Montera y Carrera de San Jerónimo, situándose el gasómetro, que era de hojalata y de una capacidad de 1750 pies cúbicos, en el jardín contiguo al Café de Lorencini.

Hasta 1847 no se conseguiría que luciera el gas en Madrid; entonces se alumbraron el Salón del Prado, la calle de este nombre y la del Lobo (Echegaray)

La Puerta del Sol hacia 1899

Café invitado
Curiosidades

"SE RUEGA AL PÚBLICO ABSTENERSE DE DAR PROPINAS"
En 1933 se suprimieron las propinas a los camareros, acuerdo al que se llegó en el Jurado Mixto de Hostelería y que entró en vigor el 5 de julio de ese año.




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18 nov. 2010

El Parnasillo o Café del Príncipe

Hacia 1830, en el Madrid Romántico, el más sombrío, solitario y ruinoso de los Cafés era el situado en la planta baja de la casa contigua al Teatro del Príncipe. Aquel reducto quería hacer honor al nombre  aunque por entonces no tenía comunicación con el teatro.

El local era de escasa superficie, estrecho y desigual, carente de todo tipo de decoración y comodidades. Su mobiliario estaba compuesto de no más de una docena de mesas de pino pintadas de color chocolate y unas cuantas sillas Vitoria. Se iluminaba con una lámpara de candilones pendiente del techo y media docena de los entonces llamados ‘quinquets’. Cerraban el local unas modestas puertas vidrieras con su ventilador de hojalata en la parte superior.

El empolvado suelo, pavimentado con baldosas de la rivera, dejaba crecer en sus intersecciones la hierba que pastaban los roedores.

En el fondo de la sala, debajo del hueco de la escalera, estaba el mostrador y dos mesitas con sus correspondientes sillas. Estas dos mesitas eran las únicas ocupadas por una clientela de cierta gravedad, diplomáticos antiguos en su mayor parte, y los noctámbulos señores Cuadra, Arriaza, Onis, Aguilar, Pereyra, Dehesa y Carnerero, que disfrutaban de un café o un chocolate servido a mano desde el mostrador en trebejos de cristal o loza de dudosa salubridad. El resto de las mesas, iluminadas por la tenebrosa luz de los candilones, permanecían desocupadas y el salón desierto, lo que aumentaba aún más el aspecto de miserable tugurio.


Quizá por esta descripción los artistas, literatos, jóvenes poetas y aficionados, que andaban desperdigados por el Venecia (calle del Prado), el de Sólito y el Morenillo, eligieron el Príncipe como lugar de reunión; aunque la verdad es que lo hicieron porque aquellos otros Cafés eran frecuentados por una concurrencia más heterogénea y desconocida.

En aquellos tiempos en que los círculos, ateneos, liceos y casinos no eran conocidos ni por el nombre, era lógico que aquella juventud de artistas pensaran que les convenía ‘encerrarse’ en algún tugurio solitario.
Fue así que una noche, allá por el año 30 o 31, un concurrido número de jóvenes, llamados luego ‘La Partida del Trueno’, tomaron aquel espacio lúgubre y solitario, plantaron el estandarte de las Musas y lo bautizaron con el título de ‘El Parnasillo’.

La Partida del Trueno
Puede imaginar el lector el carácter de aquel grupo entre los que se encontraban Espronceda, Vega, Escosura, Ortíz, Pezuela, Bautista Alonso y Santos Álvarez entre otros. Se sumaban a aquella legión de poetas los nombres de Pelegrin, Villalta, Ochoa, Castejón, Tirado, Las Heras, Larra, Doncel, Valladares, Pedro y Francisco de Paula Madrazo, Olona, Diana, los hermanos Mayo, Ferrer del Río, Peral, Navarrete y otros tantos.

De la Academia de San Fernando, capitaneados por el arquitecto de la Villa, Mariátegui, llegaba la legión de pintores como Madrazo, Rivera, Texeo, Carderera, Jimeno, Camaron, Villaamil, Esquivel, Mendoza, Maea y Gutierrez de la Vega. Y a estos se sumaban arquitectos, ingenieros, grabadores e impresores.
Cabe mencionar otras personalidades que allí se daban cita, como el director del Teatro del Príncipe, Juan Grimaldi, Manuel Bretón de los Herreros y Antonio Gil de Zárate.

El dueño del establecimiento, que además era alcalde de barrio, no fue ajeno a la importancia de la concurrencia de su Café, practicando entonces algunas reformas en instalaciones y decorado y añadiendo a su escueta carta unos inventos: el sorbete metafórico, el medio sorbete a dos reales vellón, y al mismo precio la taza de café con plus (tostada).

Aumentó también su plantilla de mozos, que hasta entonces estaba compuesta por un señor setentón al que llamaban Romo, sumando un joven de servilleta y mandil llamado Pepe, quien adquiriría el clásico y tradicional nombre de Pipí.

Y con esta renovación vinieron a ‘El Parnasillo’ otros nombres como los de Hartzenbusch, García Gutierrez, Zorrilla, Roca de Togores, Campoamor, Rubí, Lafuente, Tassara, Bermudez de Castro, Ros de Olano, los hermanos Asquerino, Vedia, Enrique Gil y Cayetano Cortés.

La oratoria política estaba cargo ahora de Caballero, Olózaga, González Bravo, Iznardi, Pacheco, Pérez Hernández, Bravo Murillo, Moreno López y Donoso Cortés.



Tal era la importancia de las tertulias de ‘El Parnasillo’ que los aplaudidos oradores no se conformaron con eso, sino que allí acudieron a depositar sus laureles y a recibir en él la confirmación o el visto bueno por sus éxitos.
Y fue en ‘El Parnasillo’ donde José de Larra halló el seudónimo de ‘Fígaro’, impuesto por Grimaldi recordando ‘El barbero de Sevilla’.

Escribió F. Martínez-Corbalán



Café invitado
Publicidad

De la revista 'Nuevo Mundo', del 2 de abril de 1926, rescatamos este anuncio que bien podría formar parte de nuestra colección 'Vintage'.
Se trata de una Cafetera Express para cuatro servicios que aún pueden encontrarse, ya fuera de uso, en unos pocos Cafés castizos.


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